Siempre tenemos presente, al menos en la teoría, que la disciplina es un aspecto fundamental desde el nacimiento pero cuando intentamos llevarlo a la práctica se convierte muchas veces en una “misión imposible”. La disciplina de antaño o punitiva, no es la solución, es decir, dando un azote o castigando, por ello, hoy os traemos la disciplina positiva, es decir, una disciplina basada en el respeto donde se fomenta el autocontrol y la autoestima del niño/niña.

Es imprescindible que el ámbito familiar sea tranquilo, que se procure no discutir frente a ellos y que todos los temas se traten con naturalidad, aportando así un aspecto clave para su desarrollo, la estabilidad emocional. Al contrario de lo que siempre se ha pensado, el castigo no es la solución cuando hacen algo mal, lógicamente entenderán que algo han hecho mal pero probablemente no sepan el qué. Tienen que entender que son responsables de sus actos y que se deben comportar de una manera correcta siempre sin tener miedo al “castigo”.

A continuación os dejamos una técnicas para aplicar la disciplina positiva publicadas en www.eresmama.com y que nos han parecido muy interesantes en referencia a este tema:

Elogia lo que te gusta

Cuando tu niño se comporte bien y actúe de la manera correcta, elógialo, reconoce su logro y felicítalo. Con esto reforzaremos las conductas que queremos que se repitan.

Entiende al niño

Es importante que nos pongamos en su lugar, entender cómo se siente, cuáles son sus sentimientos y las razones que lo llevan a hacer lo que hace. Si identificamos las creencias que lo llevan a comportarse de esa manera podremos trabajar para cambiarlas, en vez de cambiar el comportamiento.

Sé un ejemplo para tu hijo

Los pequeños suelen aprender mucho más de lo que observan que de lo que escuchan. Por esta razón hay que actuar con coherencia para servir de modelo a los niños.

Critica la acción, no a la persona

Cuando haga algo malo, hay que criticarle la acción en sí, explicarle por qué no debe hacer eso. Nunca lo insultes o ridiculices por eso.

Establece unas rutinas y normas

Con esto conseguiremos que los pequeños no realicen las conductas no deseadas. Por ejemplo, si un niño sabe que hay que recoger después de jugar, lo hará porque es una norma y sabe que si no lo hace así tendrá consecuencias que no le agradan. Por ello, tratará de hacerlo bien.